Asociación Andalucía y Democracia con motivo del 28F de 2026
En el segundo cuarto del siglo XXI ya sabemos que el mundo ha cambiado de base. Un cambio de época que, lejos de orientarse a garantizar condiciones de vida dignas para los pueblos, está marcado por la intensificación de las desigualdades, la depredación ecológica y la erosión de derechos sociales y democráticos conquistados durante décadas.
Amplios sectores sociales están siendo arrastrados hacia posiciones reaccionarias que cuestionan consensos democráticos básicos. El trumpismo cultural, que ha invadido el sentido común de importantes mayorías sociales en occidente, es una operación del capitalismo anglosionista con epicentro en EEUU. El objetivo profundo es anular la capacidad de pensar libremente, de ahí su alianza con los grandes operadores mediáticos y con los feudocapitalistas dueños de las grandes redes sociales informáticas.
El trumpismo no es obra de un
personaje. El personaje es la consecuencia de la necesidad de los
capitalistas estadounidenses de sostener su poder global continuando con
la depredación de recursos naturales y control de rutas estratégicas.
No hay vuelta atrás dentro del capitalismo. No debemos esperar que un
cambio en el poder estadounidense cambie su estrategia colonial,
soportada por lo que denominamos ya en el campo progresista y de
izquierdas como “régimen de guerra”.
Tampoco hay vuelta atrás
en el dominio productivo que ejerce China una vez que ha superado las
capacidades tecnológicas y productivas de occidente. El hegemón
estadounidense actúa a la desesperada intentando generar las condiciones
geoestratégicas para mantener la ficción capitalista del crecimiento
infinito, con objeto de alimentar su bulimia para la acumulación de
capital en forma de dólares. Para mantener a raya a China está obligado a
desplegar toda su capacidad de amenaza militar.
Este
contexto global se traduce en un contexto estatal en el que hay un claro
dominio de las posiciones trumpistas en los operadores de la derecha PP
y Vox, al tiempo que una actitud conservadora del estatus quo, fruto de
la transición y de la Constitución del 78, por parte del PSOE, como
principal operador que ha sustentando la idea de que en España existe
una democracia de calidad. Los puntos de coincidencia entre los
operadores trumpistas y el conservadurismo socioliberal son la
monarquía, la OTAN y una Europa desnortada que no sabe cómo reaccionar
conjuntamente con autonomía estratégica respecto del hegemón
estadounidense.
Estas posiciones, que requieren el desvío de
ingentes cantidades de recursos públicos a la transferencia directa e
indirecta de capital a los fondos globales del capitalismo
anglosionista, devendrán cada vez con mayor fuerza como incompatibles
con la aspiración de las personas y los pueblos que componen el estado
español a vidas dignas y decentes, y a la soberanía política dentro de
sus territorios.
Desde Andalucía y Democracia ni debemos ni
queremos desplazar el terreno de las ideas que expresamos al terreno
partidista. Nos mueve el objetivo fundamental de promover la defensa de
los intereses del pueblo andaluz. Entendemos, en el contexto global,
europeo y estatal actual, que no hay pueblo del estado que pueda avanzar
o mantener, siquiera, su capacidad política, su soberanía, si no es en
alianza estratégica con los demás pueblos que los componen. Tanto los
que son de hecho naciones sin estado, como el andaluz, como los que no.
Se
avecinan tiempos en que la fuerza recentralizadora va a multiplicarse,
tiempos en los que, por la propia configuración diversa de nuestras
sociedades y por la resistencia de los operadores reaccionarios y
conservadores, la tensión independentista va a quedar inhibida.
Garantizar los derechos de las personas y demás objetivos progresistas
amenazados no va a ser posible sin sumar fuerzas y sin plantear un
proyecto de estado republicano y plurinacional como horizonte de
transformación.
Con el resultado del referéndum del 28 de
febrero de 1980 que hoy celebramos, contra todo pronóstico, el pueblo
andaluz dibujó el estado autonómico que conocemos, consecuencia de su
lucha por ser como el que más. Así, luchando por sí, sentó las bases
para limitar muchas de las discriminaciones territoriales que pretendía
el pacto entre elites, que se había amañado previamente entre los
poderes oligárquicos del estado y las burguesías vasca y catalana.
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Mario Ortega Rodríguez, presidente de la asociación Andalucía y Democracia; Pilar Cuevas López, vicepresidenta; Salvador Soler García, secretario, abogado Stop Desahucios y derechos humanos; Antonia Agudo González, abogada; Iván Casero Montes, ingeniero y agroecólogo; Adelina Sánchez Espinosa, profesora Universidad de Granada, coordinadora Erasmus Mundus Estudios de Género; Rubén Pérez Trujillano, jurista profesor de la UGR; Carmen Reina López, arquitecta; José Bejarano López, periodista, miembro de la Asociación de la Prensa de Sevilla; Elisa Cabrerizo Medina, médica forense del comité investigación restos Valle de los Caídos; Manuel Machuca González, escritor y farmacéutico; Blanca Parrilla Muñoz, maestra y antropóloga; Marcos García Mariscal, abogado laboralista; Francisco Calvo Miralles, ingeniero industrial; Juan Manuel Sanz Marín, empresario; Antonio Aguilera Nieves, economista; Raúl Solís Galván, periodista; Manuel Ruiz Romero, historiador andalucista especialista en Blas Infante; Sheila Guerrero Garzón, empresaria editora y presidenta de Tu Periódico; José Luis de Villar Iglesias, profesor de Derecho Constitucional e historiador andalucista; Rafael Sanmartín Ledesma, escritor y periodista.
