martes, 28 de febrero de 2023

28F de 2023, Andalucía colonia interior

La crisis ecológica y la guerra declarada entre Rusia y occidente sobre el territorio ucraniano, es el contexto global en que se mueve toda política de estado y de partido. El contexto que afecta a las poblaciones de todos los países. Pagamos la guerra y pagamos la crisis ecológica, como hemos pagado la crisis financiera, con el incremento de la desigualdad y de la dependencia del Estado de poderes antidemocráticos. La especulación crece, como crece el filibusterismo de medios de comunicación propiedad de un puñado de capitalistas. La rapiña del capital está desatada, lo vemos a diario con los beneficios impresionantes de las grandes compañías y los bancos.


Celebramos el Día de Andalucía cuando se cumple un año de la invasión rusa de Ucrania, otra guerra en Europa. Nadie con poder en el viejo occidente hace una apuesta comprometida con la paz. Más al contrario, contra la racionalidad económica, la dependencia de la UE de los combustibles fósiles y del lobby nuclear aumenta, al tiempo que ata a un proveedor inestable e interesado, como son los EE.UU. de América, su futuro energético. La llamada locomotora europea, Alemania, anda oxidándose con un gobierno tripartito progresista/verde/liberal que no da sentido a sus definiciones ideológicas. El pacifismo alemán de postguerra se ha enterrado bajo las explosiones de los gasoductos Nord Stream y los anuncios del envío de tanques a Ucrania.


El aterrizaje del capitalismo neoliberal tras su huida desde lo terrenal al espacio financiero, entregando la máquina de producción de mercancías a China y Asia, es una vuelta a la ambición por el control de materias primas y combustibles. Para ello precisa de la provocación y la guerra. Rusia es un país invasor, es preciso decirlo, como es preciso decir que la estrategia de dominio bélico mundial frente a China de la OTAN, seguida por la UE, con Joe Biden como comandante en jefe, no es precisamente un ejemplo de búsqueda de paz, democracia y bienestar para la humanidad. Ninguna guerra se acaba con más guerra, ni despreciando con sarcasmo cualquier iniciativa de paz que se proponga dentro o fuera fuera de Naciones Unidas.


En este contexto global tenemos en Andalucía un gobierno ajeno a lo que pasa en el mundo. Un gobierno cuya política es la inercia del pasado más reciente. El gobierno de Juan Manuel Moreno Bonilla para Andalucía, el proyecto del Partido Popular en su delegación andaluza, es canalizar nuestros recursos humanos, ambientales, territoriales, naturales y monetarios hacia el extractivismo de poderes económicos radicados fuera de nuestra tierra. El partido popular en el gobierno andaluz actúa desde el legado del PSOE, que a su vez adoptó el sol y playa franquista, sin más política territorial que la exaltación de la bandera verdiblanca, importante como símbolo pero inoperante si no tiene contenido político andalucista. No hay políticas para la estructuración de economías locales que limiten la dependencia exterior, mimen el medio y mejoren nuestras condiciones de vida.


Turismo, construcción, agricultura intensiva y extracción minera, a lo que hay que añadir, mediante el mecanismo de la privatización de servicios públicos y la colaboración público/privada, la entrega de capital público y beneficios empresariales a empresas con domicilio social fuera de Andalucía. Una economía del expolio que genera trabajo de baja remuneración y exilio económico, esta vez de andaluces y andaluzas con buena cualificación profesional. En términos económicos Andalucía tiene un patronazgo colonial exterior que extrae nuestros recursos con sus plusvalías. Las consecuencias las definen los datos que mostramos a continuación.


En un análisis de domicilios sociales de las sesenta y cinco grandes empresas con más actividad en España en los sectores de la distribución alimentaria, la banca, la telefonía, los seguros, la construcción, la aguas, la energía, las tecnológicas, las plataformas de streaming y grupos mediáticos, cuarenta y tres están radicadas en Madrid, el resto entre Cataluña, País Vasco, Comunidad Valenciana, Galicia y Cantabria (el Banco Santander). Ninguna tiene domicilio social en Andalucía. La única banca que queda con sede en Andalucía, Málaga, Unicaja, se encuentra en un proceso de fusión con Liberbank cuya sede social está en Madrid. Son datos muy reveladores del papel subalterno de Andalucía en la economía española, si tenemos en cuenta que la gran mayoría de esas empresas extraen beneficios de su actividad en nuestra comunidad autónoma. Beneficios que son imputados fuera, principalmente en Madrid, ese paraíso fiscal interior para las grandes fortunas al que el presidente andaluz quiere, quiméricamente, que se parezca Andalucía.


Si ampliamos el espectro a la sede social de las doce principales empresas operadores turísticos y cadenas hoteleras, nos encontramos con que ni una sola tiene la sede social en Andalucía. Una comunidad en la que el sector turístico representa más del 12% del PIB, unos 20.000 M€, entrega los beneficios y consiguientemente la imputación fiscal al exterior, dejando aquí precariado, destrucción ambiental y territorial. Modelo más colonial imposible.


Cuando a esta evaluación empresarial le añadimos algunos datos comparativos socioeconómicos relativos a tasa de desempleo, 19%, en España 13,1%; riesgo de pobreza en 2021, 32,3%, en España 21,7%; desigualdad económica, 6,8, en España 6,2; tasa AROPE de pobreza 38,7%, en España 27,8%; PIB per cápita 18.906 €, en España 25.500 €; desempleo juvenil 35%, en España 30,1%, observamos que todos los indicadores tienen a Andalucía, dejando a un lado las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, en el último o penúltimo lugar. Ni que decir tiene que, cuando los indicadores se separan por sexos, las mujeres salen aún más perjudicadas. Como en todo territorio colonial, el género femenino es el que se enfrenta con mayor crudeza a la economía del expolio.


La respuesta política a esta situación de desigualdad estructural, independientemente de que esté canalizada o no por alguna opción electoral, es una necesidad apremiante. El autogobierno conseguido por el pueblo andaluz en la transición, que celebramos el 28 de febrero como Día de Andalucía, tuvo su factor de cohesión popular en una identidad cultural fuerte y compartida, y su motor energético en la situación de desigualdad y pobreza que se vivía en Andalucía en los años sesenta y setenta del siglo pasado respecto de otras “regiones” del estado. Más de dos millones de andaluces vivían la tragedia de la inmigración. Ayer como hoy fue necesaria una respuesta popular contra la desigualdad. Una respuesta que no se atisba en el horizonte próximo.


Cataluña y Euskadi, se disponen, una vez superado el fracaso del procés, a actuar sobre el poder político del Estado para avanzar en sus respectivos proyectos nacionales, las declaraciones y actos recientes de dirigentes de la derecha vasca apuntan de nuevo, como en el proceso constitucional que culminó en 1978, hacia el avance de un estado asimétrico que se configure de facto como un estado centralizado en Madrid y dos naciones integradas en el mismo con fuerte capacidad política y fiscal propia. El resultado de un proceso así no es difícil de imaginar, más desigualdad y centralismo para los territorios vinculados colonialmente a la capital, Madrid, y mejores condiciones socioeconómicas para País Vasco y Cataluña. La desigualdad territorial de Andalucia se agravaría.


El pueblo andaluz tiene una configuración identitaria peculiar, un pueblo visible cuyo idioma son sus acentos, un pueblo cuya lengua política debe volver a ser la de la reivindicación de la igualdad anclada en la identidad cultural. Según el CENTRA (Fundación Centro de Estudios Andaluces) en una reciente encuesta sobre identidad nacional andaluza, el 68,5% de las y los andaluces se siente tan andaluz como español, el 13,4% más andaluz que español y el 10,5% más español que andaluz. Son unos datos reveladores para definir los parámetros políticos de avance territorial, sobre los que deberá articularse un proyecto político que interfiriera con fuerza en las intenciones de mantenernos relegados en la nula capacidad de decisión para afrontar nuestra, reconocida en los datos, desigualdad estructural. 


Necesitamos en Andalucía una izquierda que perciba que tras la desigualdad como colonia interior, está la explotación de nuestro territorio por otros, del capital sobre la naturaleza y del capital sobre la vida y el tiempo de las mujeres. Esa izquierda no puede ignorar la fuerza cultural del pueblo andaluz para canalizarla por la vía política en las luchas contra la desigualdad, por la paz, los derechos de las mujeres y contra la crisis ecológica y sus efectos. Pero a su vez no puede despreciar la necesidad de alianzas de gobierno incluso con quienes, desde posiciones blandas y, a veces, reactivas, son aliados necesarios para luchar contra la dirección antidemocrática que ha emprendido la derecha y la ultraderecha española. Alianzas de gobierno para exigir cumplimiento de acuerdos desde dentro y fuera del gobierno, sin inhibición de posicionamientos concretos aunque choquen con el aliado gubernamental.  


Vivimos en Andalucía una crisis en el ámbito de la izquierda con cuatro espacios definidos. El del partido socialista, que no se recupera de la pérdida del poder de la Junta de Andalucía por parecerse demasiado al PP del presidente andaluz. El de la izquierda postanguita, con añoranza de ser la única izquierda a la izquierda del PSOE en Andalucía, el de la escisión de Podemos, Adelante Andalucía, replegado sobre posiciones identitarias y sindicales que no priorizan las alianzas, y el de la izquierda quicemayista, Podemos, que no acaba de ver de manera clara lo imprescindible que es el empuje andalucista, para articular un proyecto de dirección de estado con voluntad de poder, que permita defender y ahondar la democracia, al tiempo que avanzar hacia una nueva configuración federal/confederal republicana, para equilibrar las demandas nacionales con la necesidad de igualdad estructural de todos los pueblos, naciones y regiones de España.


Llegan las elecciones municipales, es el peor momento para recomponer un proyecto común de la izquierda andaluza. Independientemente de los resultados que se den tras el 28 de mayo, seguirá siendo imprescindible, defender los intereses del pueblo andaluz, incluido el empresariado arraigado, para romper la situación de colonia interior en la que nos encontramos. Ese proyecto no debe partir de la ignorancia de nuestra identidad política y cultural, ni de la ilusión óptica de lo que no somos.


——-


Mario Ortega Rodríguez, presidente de Andalucía y Democracia; Pilar Cuevas López, vicepresidenta de Andalucía y Democracia; Salvador Soler García, abogado Stop Desahucios y derechos humanos; Lilian Bermejo Luque, profesora de la Universidad de Granada; Francisco Garrido Peña, profesor de la Universidad de Jaén; Antonia Agudo González, abogada; Iván Casero Montes, ingeniero y agroecólogo; Adelina Sánchez Espinosa, coordinadora Erasmus Mundus Estudios de Género; Manuel González de Molina, catedrático de la Universidad Pablo Olavide de Sevilla; Rubén Pérez Trujillano, jurista y profesor de la UGR; Carmen Reina López, arquitecta; José Bejarano López, periodista, vicepresidente de la Asociación de la Prensa de Sevilla; Javier Rodríguez Alcázar, escritor y profesor de la UGR; Elisa Cabrerizo Medina, médica forense del comité investigación restos Valle de los Caídos; Manuel Machuca González, escritor y farmacéutico; Blanca Parrilla Muñoz, maestra y antropóloga; Julián Álvarez Ortega, abogado; Marcos García Mariscal, abogado laboralista; Manuel Rodríguez Alcázar, presidente de Unidad Cívica Andaluza por la República; Francisco Calvo Miralles, ingeniero industrial; Juan Manuel Sanz Marín, empresario; Raúl Solís Galván, periodista.

domingo, 4 de diciembre de 2022

4 de diciembre, Día de la Bandera de Andalucía

Hay dos formas de nombrar Andalucía, con la palabra o con su bandera. La verdiblanca es una enseña de siglos. La primera referencia histórica de una bandera verde, blanca y verde en Al-Andalus está en la poesía de Abu Asbag Ibn Arqam, visir de la cora de Guadix en el siglo XI. Tras verla ondear en la alcazaba de Almería escribió: “Una verde bandera que se ha hecho de la aurora blanca un cinturón despliega sobre ti una ala de delicia. Que ella te asegure la felicidad al concederte un espíritu triunfante.” Al igual que a la bandera de Euskadi se le llama ikurriña y a la de Cataluña señera, a la bandera de Andalucía se le llama arbonaida. Arbonaida procedente del árabe albulayda significa mi tierra, mi país.

La bandera de Andalucía, junto con su escudo, se aprobó en la asamblea andalucista de Ronda de 1918 que convocaron los Centros Andaluces. En esa asamblea, en la que participó Blas Infante, se asumió el proyecto de Constitución Federal de Andalucía de 1883, conocido como Constitución de Antequera. Es por eso que la canción Verde, Blanca y Verde del primer disco de Carlos Cano en 1976 comienza con la estrofa “De Ronda vengo lo mío buscando, la flor del pueblo, la flor de mayo, verde, blanca y verde. Ay qué bonica, verla en el aire, quitando penas, quitando hambres, verde, blanca y verde. Amo mi tierra, lucho por ella, mi esperanza es su bandera...” Esta canción, que se hizo popular durante la transición y las luchas de Andalucía por tener una autonomía como la que más, se convirtió en el segundo himno de Andalucía.

Desde entonces, desde el 4 de diciembre de 1977 en el que dos millones de andaluces y andaluzas salieron a las calles de las capitales de Andalucía además de en Barcelona, Madrid y Bilbao -Andalucía tenía por entonces más de dos millones de emigrantes tanto en los focos de industrialización españoles como en la Europa industrializada-, la bandera de Andalucía está asociada a autogobierno, libertad y derechos del pueblo andaluz, escuelas gratis, medicina y hospital, vuelta de la emigración, cultura y prosperidad. Por esa bandera murió Manuel José García Caparrós en Málaga, por disparos de la gris policía franquista, que intentó impedir que la arbonaida ondeara en el gobierno civil del Málaga.

La bandera de Andalucía es, desde entonces símbolo del pueblo andaluz que se constituyó en las calles frente a quienes nos quería relegar a una autonomía regionalista de tercera, una descentralización administrativa a las órdenes del gobierno de España con sede en Madrid. Es Andalucía la que a partir de las movilizaciones de 1977 dibuja la Constitución autonómica. Ese pueblo andaluz hecho nación en las calles forzó que la Constitución de 1979 incluyera el artículo 151, con un procedimiento obstuso, para que mediante un referéndum que habría de ganarse por mayoría absoluta del censo, no de votantes, en cada una de las provincias, Andalucía pudiese acceder a la consideración de nacionalidad histórica, como la Constitución le otorgaba a Galicia, País Vasco y Cataluña sin necesidad de votación popular alguna. Hay que recordar que el golpe de estado de 1936 impidió la aprobación del Estatuto de Andalucía, que se estaba tramitando durante la II República y que nos equiparaba con las otras nacionalidades históricas del Estado.

En Andalucía no hay un solo partido democrático que se atreva a presentarse a las elecciones autonómicas sin la palabra Andalucía en su marca. Solo Vox ignora Andalucía, y la quiere, como el franquismo, sirvienta de España. El actual presidente andaluz, Juan Manuel Moreno Bonilla, prefirió la bandera de Andalucía para celebrar su victoria electoral a la bandera española que su partido ha enseñoreado insistentemente desde su nacimiento. Ya en la campaña electoral, que culminó el diecinueve de junio de 2022, el PP de Andalucía hacía ostentación de la bandera andaluza mezclada con la bandera española.

La idea de declarar el 4 de diciembre Día Nacional de Andalucía es una demanda histórica del andalucismo político, que fue, con la figura principal de Alejandro Rojas Marcos, líder en la transición del Partido Socialista de Andalucía, catalizador del empuje hacia la autonomía andaluza y la consideración constitucional de Andalucía como nacionalidad histórica. Andalucía es la única comunidad del estado que consigue su institucionalidad autonómica en las calles y mediante referéndum. Un legado de la luchadora generación de la transición que debemos celebrar y honrar.

Recientemente en la presentación del libro Por un poder andaluz de José Luis Villar en la Casa de la Alegría (Dar Al-Farah), residencia última de Blas Infante antes de su asesinato ordenado por Queipo de Llano, Rojas Marcos envolvió al Presidente Andaluz, Moreno Bonilla, para que declarara el 4 de diciembre Día de la Bandera de Andalucía. El presidente se comprometió a evaluarlo con la intención de hacerlo. Y así ha sido por decreto del 8 de noviembre de este mismo año. Sin ser festivo, es la primera vez que en Andalucía se conmemora institucionalmente el 4 de diciembre de 1977. Podemos afirmar que la introducción en el calendario institucional del 4 de diciembre como referencia histórica, es justicia reparadora de la memoria, un homenaje que la generación actual hace a las generaciones andaluzas pasadas y un legado para que las generaciones futuras no olviden la memoria de un pueblo.

Que esto haya ocurrido estando en el gobierno andaluz la herencia política de quienes para el 28 de febrero de 1980 pedían la abstención con el lema “Andaluz, este no es tu referéndum”, no puede por más que alegrarnos porque demuestra, por si nuestra potencia cultural y nuestros acentos no fuesen suficientes, que Andalucía es pueblo, es nación y está destinada a defender sus intereses para el bien vivir de quienes pueblan nuestra geografía, hayan nacido o no en territorio andaluz.

La bandera de Andalucía no es propiedad de nadie, es la bandera que identifica y con la que se identifica el pueblo andaluz, en toda su diversidad geográfica, cultural, relacional, económica, de clase e ideológica. Conviene decir esto porque lo último que debemos desear es que la bandera salga deshilachada a jirones entre tanto tirón de parte. Para el PSOE andaluz las consecuencias de su abandono, olvidando que fue la bandera de los derechos y poniéndola al servicio del “a por ellos” están a la vista, ahora dice que es suya y que el PP no cree en ella. La izquierda andalucista le echa un cerco para que su sentido sea más el de clase que el de pueblo, olvida que no solo hay explotación de clase rica sobre clases populares, sino también explotación y colonización de unos pueblos sobre otros.

La izquierda andaluza, andalucista, no debería ignorar que la fuerza que tienen otros pueblos como el catalán o el vasco se debe a la transversalidad de sus banderas, son banderas que representan a las clases populares tanto como al empresariado con raíces en esos territorios, por eso son pueblos con más influencia política que el andaluz y en mejor situación económica. Con la bandera andaluza no debe ocurrir como con la española, debe representar un pueblo entero. Al contrario que la española que representa, como bien sabe la derecha, la herencia franquista antidemocrática y monárquica, por eso la arroja contra lo que consideran antiespaña, las izquierdas y los partidos nacionalistas.

Las banderas no son trapos, como las palabras no son letras, tienen semántica y etimología, tienen historia y significado, viven en el tiempo. Si la arbonaida, es nuestro país, nuestra tierra, nuestro pueblo es su bandera.

Bienvenido el 4 de diciembre, Día de la Bandera de Andalucía. ¡Viva Andalucía libre!

-------------

Mario Ortega Rodríguez, presidente de Andalucía y Democracia; Pilar Cuevas López, vicepresidenta de Andalucía y Democracia; Salvador Soler García, abogado Stop Desahucios y derechos humanos; Lilián Bermejo Luque, profesora de la Universidad de Granada; Francisco Garrido Peña, profesor de la Universidad de Jaén; Antonia Agudo González, abogada; Iván Casero Montes, ingeniero y agroecólogo; Adelina Sánchez Espinosa, coordinadora Erasmus Mundus Estudios de Género; Manuel González de Molina, catedrático de la Universidad Pablo Olavide de Sevilla; Rubén Pérez Trujillano, jurista y profesor de la UGR; Carmen Reina López, arquitecta; José Bejarano López, periodista, vicepresidente de la Asociación de la Prensa de Sevilla; Javier Rodríguez Alcázar, escritor y profesor de la UGR; Elisa Cabrerizo Medina, médica forense del comité investigación restos Valle de los Caídos; Manuel Machuca González, escritor y farmacéutico; Blanca Parrilla Muñoz, maestra y antropóloga; Julián Álvarez Ortega, abogado; Marcos García Mariscal, abogado laboralista; Manuel Rodríguez Alcázar, técnico municipal; Francisco Calvo Miralles, ingeniero industrial; Raúl Solís, periodista; Juan Manuel Sanz Marín, empresario.

Publicado en La Voz del Sur, Fuentes de Andalucía y CTXT

viernes, 10 de junio de 2022

Andalucía, ¿tierra de esclavos?

Andalucía es nuestra matria, tierra de promisión, espacio de cultura milenaria y ámbito por el que lucharon y se sacrificaron las generaciones pasadas. Este 19J Andalucía se juega seguir siendo tierra para la convivencia en paz de las actuales y futuras generaciones, o doblegarse como tierra de esclavos. Debemos construir un país próspero y culto y no un territorio de esclavitud sometido a los designios de capitales externos o a dirigentes de otros pueblos o regiones políticas. O sometido al centralismo de Madrid.


Por eso es tan importante en este momento votar pensando en Andalucía. ¿Y qué significa votar pensando en Andalucía el próximo 19 de junio? Significa elegir opciones electorales progresistas y de izquierdas. El voto progresista es una obligación de todos los que anhelamos una vida justa, digna y con igualdad de oportunidades para todo el que viva en Andalucía, haya nacido aquí o en otro lugar del mundo. Defendemos el voto ideológico porque es el que más puede beneficiar la vida de andaluces y andaluzas, de las empresas y de los autónomos de nuestra tierra, de nuestra nacionalidad histórica constitucional.


Pedimos el voto para la izquierda porque sabemos que, si el 19J vence la derecha, la desigualdad seguirá creciendo en los próximos años. Que si no gana la izquierda progresista peligrarán muchos derechos cuya conquista ha costado sangre y sufrimiento a varias generaciones de andaluces y andaluzas. Andalucía perderá el tren del progreso y será empujada al corral de las colonias de Madrid, relegada a la condición de patio trasero de España. Eso, que ya sucede de un tiempo a esta parte, se acelerará de forma vertiginosa si se registra una victoria rotunda de la derecha. Si el 19J gana la derecha, gana el patriarcado y pierden las mujeres de nuestra tierra.


La derecha se empeña en lucir la etiqueta de moderada, cuando en realidad su etiqueta es la de la indolencia, ha gobernado Andalucía de manera continuista y pasiva, mirando al pasado lejano y al pasado reciente, la ha gobernado apoyada desde fuera por quienes solo inyectan conflicto y violencia en las relaciones sociales. La suma de las derechas formará un gobierno con la extrema derecha en su seno, un gobierno cuyos intereses no sólo están fuera de Andalucía, sino que son contrarios a Andalucía. Su candidata ni siquiera reside en Andalucía. La derecha y la ultraderecha quieren apropiarse de Andalucía para someterla al centralismo colonial, entregarla a los intereses de las fortunas radicadas en el paraíso fiscal que es Madrid. Son derechas que llevan todo este tiempo intentando enterrar el nombre de Andalucía bajo la palabra España.


Tenemos que decir a las claras que el actual gobierno andaluz de derechas sintoniza con la ideología de la barbarie. Si la derecha y la ultraderecha suman, como indican las encuestas, la barbarie entrará en el gobierno andaluz. Andalucía estará gobernada por gente que apoya llevar armas, que no reconoce la existencia de la violencia machista, que desprecia la ciencia y niega el cambio climático y sus consecuencias, que coquetea con los movimientos antivacunas y los terraplanistas. Gente que defiende que sólo quienes puedan pagárselo tengan asistencia sanitaria, educación u otros servicios imprescindibles para una vida digna y con igualdad de oportunidades.


Por todo eso, votar Andalucía este 19J es impedir que nuestra tierra se convierta en un valle de lágrimas para las mayorías sociales. Mayorías que necesitan justicia fiscal y no reducción de impuestos a las rentas altísimas o a los ricos. Andalucía necesita un gobierno que se tome en serio los grandes servicios públicos, que aumente la inversión en sanidad, educación, universidades, cultura, políticas de igualdad, tejido empresarial e industrial y protección ambiental. En definitiva, que se tome en serio nuestro Estatuto de Autonomía.


Votar Andalucía es votar para tener un gobierno que no busque el enfrentamiento con otros pueblos y naciones del estado. Para tener un gobierno que exija las inversiones que nos corresponde por tamaño territorial y poblacional y para reducir los déficits estructurales de inversión pública, que hasta ahora han servido fundamentalmente para profundizar en el poder centralista de Madrid. Madrid no es España y Andalucía no puede ser propiedad de Madrid.


Andalucía necesita un gobierno que exija inversiones ferroviarias que articulen nuestro territorio y lo conecten ágilmente con Europa y África. Un gobierno que exija inversiones en industria, que ponga Andalucía a la vanguardia de las energías renovables, de la agroecología, de la economía de la salud, de las tecnologías electrónicas, de la industria cultural. Un gobierno que reduzca nuestra dependencia de sectores como el turístico o la construcción, que van al límite de sus posibilidades de desarrollo. 


Andalucía necesita un gobierno que promueva una economía con mayor productividad y valor añadido, al tiempo que garantice trabajo digno, con derechos y reducción drástica del desempleo. Un gobierno que corte la sangría que supone la emigración de nuestra juventud, la mejor formada y peor tratada de la historia. Que reduzca los altos índices de pobreza, desigualdad y agresiones ambientales que sufre Andalucía.


Desde la asociación Andalucía y Democracia creemos que hay motivos más que suficientes para movilizarse, para ir a votar mirando al futuro, al progreso. Votar a la izquierda es poner nuestra fuerza como pueblo al servicio de nuestro futuro. Votar a la derecha es poner nuestra fuerza a trabajar en beneficio de intereses extraños a nuestra tierra. El 19J hay que votar con la alegría y la esperanza de que lo hacemos por nuestra matria, Andalucía.


Andalucía y Democracia

Publicado en La Voz del sur

lunes, 28 de febrero de 2022

Andalucía y democracia, 42 años después del 28F de 1980

28 de febrero de 2022

El colectivo Andalucía y Democracia viene este 28 de Febrero a alimentar la alegría de la memoria y unirla a un futuro de esperanza. Le queremos decir a la sociedad andaluza que es necesario recuperar la fuerza del pueblo andaluz. Se lo decimos a sus gentes y a sus empresas, a sus jornaleros y jornaleras y a sus productores agrarios. Queremos que nuestras demandas vitales estén en el centro de la reconfiguración de los poderes mundiales, europeos y del estado. Pedimos a nuestras asociaciones, sindicatos, empresariado, partidos y gobierno que alcen la voz por Andalucía. Proponemos que el interés andaluz esté canalizado con voz propia, con voz andaluza.

Es malo que Andalucía esté gobernada en la actualidad por quienes no creían en el estado de las autonomías, y mucho menos en que fuese nacionalidad histórica. El PP y Ciudadanos han interiorizado la Junta de Andalucía como instrumento de gobierno de primera magnitud, pero dirigen sus políticas a debilitar los servicios públicos para privatizarlos, a intensificar el modelo productivo que produce escaso valor añadido, al trabajo precario y mal pagado, con especial afección sobre las mujeres, y a daños ambientales graves en tiempos de cambio climático. En el horizonte acecha Vox, un partido inhumano con la inmigración, antiautonomista, antifeminista, antiecologista, antiderechos laborales y sociales, que desprecia los derechos de los animales, un partido que pone en riesgo la democracia.

Porque Andalucía está gobernada hoy por los herederos políticos de quienes hace 42 años decían “Andaluz, este no es tu referéndum”. Unión de Centro Democrático y Alianza Popular representaban todo el espectro ideológico de la derecha española que tenía la necesidad de salir del aislamiento, en el marco de la entonces denominada Comunidad Económica Europea. El 28 de febrero de 1980 pidieron a los andaluces y andaluzas que no fuesen a votar o que votasen no. Trataban de impedir que Andalucía se constituyese en autonomía plena con el reconocimiento constitucional de nacionalidad histórica como Galicia, Euskadi o Cataluña.

Andalucía votó masivamente el 28 de febrero de 1980. Hubo más síes que noes en todas las circunscripciones electorales provinciales. Más síes que el 50% del censo, salvo en Almería, donde ganó el sí de manera arrolladora pero no superó por décimas el requisito de superar la mitad del censo. Fue un triunfo histórico del pueblo andaluz, que ejecutó de aquella forma la demanda expresada en las movilizaciones del 4 de diciembre de 1977. Aquel ejercicio orgulloso del derecho a decidir obligó a reinterpretar la Constitución y la Ley Orgánica 2/1980 sobre las distintas modalidades de referéndum. La Ley Orgánica 12/1980 sustituyó el requisito de mayoría del censo en Almería por la petición de los diputados y senadores de la provincia.

Andalucía abrió el camino de la autonomía plena para sí, además de abrir el mapa de competencias autonómicas del que hoy se benefician muchos territorios que iban a ser considerados “entes administrativos descentralizados”. Años después, estatutos como el de Castilla y León permiten la convocatoria de elecciones propias, incluso anticipadas, separadas de las elecciones municipales que se convocan por el gobierno central. Una potestad que ganó Andalucía el 28F que ahora celebramos.

Andalucía tenía entonces desperdigados por el mundo más de dos millones de emigrantes, más de un millón en Cataluña. El pueblo cultural andaluz tuvo claro que autogobierno significaba democracia, derechos, soberanía propia para desarrollar políticas educativas y sanitarias públicas con presencia en todas las comarcas y municipios, freno a la emigración, afrontar los problemas de miseria y carencias en el campo andaluz, y sentar las bases para una estructura productiva propia fijando población al territorio.

Es indudable el avance de Andalucía desde entonces hasta la actualidad. También es indudable que Andalucía ha devenido territorio de turismo masificado, agricultura intensiva, construcción y desindustrialización como fruto de haber perdido peso político en el conjunto del estado y el consiguiente peso reivindicativo en el marco español y europeo. Fruto también de la coincidencia del bipartidismo del PSOE y el PP en utilizar el voto andaluz para impulsar intereses ajenos a nuestra tierra. Todo esto, agravado por el proceso de los dos últimos decenios de la externalización de la producción a China y otros países del sudeste asiático. La carencia de fuerza soberana convierte a Andalucía en territorio extractivo de capital humano, capital ambiental y capital económico, al tiempo que territorio de vertido de residuos. Lo que la lleva a tener los mayores índices de desigualdad, desempleo y pobreza de toda la UE.

Andalucía no está vacía. El efecto capitalidad de Sevilla no ha provocado un vaciamiento generalizado, aunque sí en algunas comarcas, a pesar del tremendo éxodo de humanidad andaluza muy cualificada sufrido en el último decenio. El problema es la desafección respecto del poder institucional andaluz radicado en la capital. Se está a tiempo de parar el proceso de disociación andaluz, algo que desea el estado profundo español de raíz franquista. Es un riesgo que se liquide nuestra fortaleza conjunta. No se puede ignorar que la capitalidad andaluza se enfrenta, sobre todo en algunas provincias, a un sentimiento extendido de agravio de poder.

Toda Andalucía ha sufrido desindustrialización y desestructuración territorial. Sevilla también. Los tres barrios más pobres de España están en la capital andaluza. No ha habido futuro que repartir porque no han existido políticas autonómicas de industrialización y de cambio de modelo productivo. Todo el territorio andaluz ha sufrido la devastación industrial y la destrucción territorial y ambiental. La economía precaria va de este a oeste y de norte a sur.

Andalucía pierde cohesión por la concentración del poder, por la sensación de que las decisiones se toman lejos de sus capitales y sus comarcas. Contribuye la falta de ferrocarril que estructure un territorio común y el desequilibrio en las conexiones con el exterior. Pierde cohesión porque se concentran en Sevilla sedes y órganos de gobierno. Como lo hace el cierre de colegios en el mundo rural, la falta de banca propia y su reflejo en todos los pueblos. Y el deterioro de la sanidad. El abandono se retroalimenta. Comarcalizar la administración autonómica es esencial, dar poder real a las delegaciones territoriales y disminuir su dependencia del poder de las consejerías y direcciones generales radicadas en la capital también.

En Andalucía y Democracia creemos que el feminismo une la democracia a la vida, que el ecologismo une la democracia al territorio y que el federalismo fortalece la democracia con la soberanía de municipios, comarcas y provincias. Un pueblo cultural y político como es el andaluz no puede seguir siendo subalterno, sino exigir a gobernantes y organizaciones del poder económico, político y sindical, lo que por derecho le corresponde como pueblo. El derecho a decidir.

Publicado en La Voz del Sur, El Independiente de Granada, Público y La Última Hora Noticias

jueves, 2 de diciembre de 2021

Sí con Andalucía

4 de diciembre de 2021

Andalucía y Democracia nació el 28 de febrero de 2020 con el manifiesto “Rompamos el silencio. ¡Andalucía como la que más!”. Analizábamos la perniciosa influencia de la etapa neoliberal en los diferentes gobiernos, los estados y los pueblos, junto con las causas y consecuencias de la crisis global, su afección en España y particularmente en Andalucía. Desde entonces hemos publicado otros tres textos, pandemia mediante, que pueden leerse en nuestro blog https://andaluciaydemocracia.blogspot.com, son: Andalucía no es Andalucía; Andalucía 2021, horizonte federal; y Feminismo en Andalucía: las luchas difíciles desde la periferia. Análisis que parten de una profunda convicción y arraigo territorial y cultural andaluz, de una percepción ecofeminista de la realidad que nuestra tierra integrada, conforme a una tradición ideológica progresista, andalucista y de izquierdas irrigada por la ecología política.

Constatamos las causas políticas y estructurales de los diferenciales de desigualdad de Andalucía en el Estado y en Europa, razón por la que reivindicamos el indispensable papel de Andalucía en la configuración territorial, determinado por la constitución política como pueblo, culturalmente existente, que impulsó la movilización popular del 4 de diciembre de 1977, y se materializó en el referéndum del 28 de febrero de 1980, ejerciendo nuestro derecho a decidir. Andalucía accedió así al nivel de autogobierno que verdaderamente le correspondía, en aplicación del artículo 151 de la Constitución Española, con naturaleza de nacionalidad histórica.

Esa es la Andalucía que existe ahora, y no la que se intenta ocultar bajo la manta de una servidumbre complaciente a poderes e intereses ajenos y alejados de los que interesan a nuestro pueblo. Un concepto abierto de pueblo andaluz en el que se pueden integrar todas las personas que libremente quieran y necesiten de nuestra tierra para sus proyectos vitales y empresariales, siempre que no la consideren territorio extractivo de expolio de patrimonio natural, agrario, ganadero, pesquero, cultural, ambiental, industrial, empresarial o bancario, ni territorio de precariedad y explotación laboral, o para hacer negocios con los servicios públicos, privatizándolos, deteriorando su calidad y engordando bolsillos especulativos alejados de los intereses de Andalucía. Un pueblo político y federalista con poderosa identidad cultural.

Cuando escribimos esto, Andalucía sale de su silencio, emergiendo en Cádiz con las potentes movilizaciones de los trabajadores de la industria siderometalúrgica, que la trascienden y sientan las bases de las que partir para la reindustrialización en Andalucía. La Andalucía del pan, el trabajo, la libertad y el desarrollo intelectual, cultural y empresarial endógeno, no puede quedar escondida bajo las viejas argucias de la derecha española que se resiste a abandonar la condición de capataz, considerando el territorio andaluz como su patio de recreo. Derecha española con sede ideológica en Madrid, que comparte con los grandes poderes económicos y mediáticos conservadores y reaccionarios, desde donde se crean estrategias con la única finalidad de enfrentarnos a otros pueblos del Estado español para seguir extrayendo la gran riqueza de Andalucía, excluyéndola del beneficio y manteniéndola en situación de subalternidad. El centralismo antifederal es un lastre regresivo que cercena libertades colectivas e individuales y daña especialmente a Andalucía limitando nuestra capacidad de desarrollo económico.

Mientras nos entretienen con banderías y luces, el neoliberalismo centralista nos sigue considerando territorio colonial de veraneo, cañas y juerga, disfrazado de una supuesta industria hotelera y de servicios, cuando en realidad no pasa de una oferta hotelera con precios bajos por la desregulación laboral y salarial, haciéndonos olvidar que es indispensable reindustrializar Andalucía, construir un futuro andaluz con las energías renovables, decidir sobre nuestro modelo industrial agroalimentario, ganadero y pesquero, pero también turístico y de la construcción, defender nuestras universidades, nuestro empresariado y nuestros trabajadores y trabajadoras autónomas, exigir inversiones públicas y políticas dirigidas a las mayoría en educación, salud, economía de los cuidados, protección ambiental, vivienda, empleo, protección de la infancia, integración de la inmigración y eliminación de la pobreza, movilidad sostenible y articulación ferroviaria entre otras muchas. Las banderías con las que nos entretienen, pretenden, así mismo, desprestigiar el Servicio Andaluz de Salud en vez de fortalecerlo en una clara apuesta por el aseguramiento privado, pero también se usan para arremeter contra los avances y demandas feministas, los derechos LGTBI y la emigración o las personas diferentes en nuestra Comunidad andaluza, esto es, contra la humanidad constitutiva de nuestro pueblo. Sin olvidar la intención de asimilar Andalucía como tierra de maltrato animal, cuando hace ya lustros que la sociedad andaluza da la espalda mayoritariamente a toda manifestación que atente contra la dignidad de la vida animal.

Por supuesto hemos de evitar también que nos sigan expoliando el joven talento universitario y profesional. Si nuestra juventud se va, emigra como lo sigue haciendo, la fractura emocional es incurable, el alma de Andalucía estará trágicamente rota, y se hace así imposible el relevo generacional en la actividad económica y empresarial andaluza.

La crisis de régimen, retroalimentada por la crisis del capitalismo global, tiene su símbolo en la crisis de la institución monárquica, piedra angular y clave de bóveda de esos poderes centrales que actúan como guardianes de una España rentista y especulativa, la que necesita el Boletín Oficial del Estado para ejercer como propietaria de todo. Las crisis global y de régimen se manifiestan en Andalucía de una manera más virulenta, como lo atestiguan todos los indicadores sociales y económicos. La especialización forzada de la economía andaluza en turismo, construcción y agricultura extensiva, consecuencia de una división, no solo social, sino sobre todo territorial del papel de cada pueblo en España y Europa, junto con el expolio de todo vestigio de banca andaluza, hace que en Andalucía se haya instalado una radical desigualdad estructural.

La pandemia ha revelado a las sociedades que el trabajo en común colaborativo es el que nos puede sacar del hoyo económico en el que nos encontramos. La competencia individual a modo de sálvese quien pueda, solo traerá más desigualdad que solo favorece a unos pocos. La contraposición mercado/estado ha quedado obsoleta. Sin un estado fuerte que colabore con el buen sector privado no se superará la enorme vulnerabilidad en la que nos ha situado la pandemia. Sin territorialización de la producción económica de todo tipo, por supuesto la industrial, la exposición a la muerte es radical.

Al tiempo, los efectos del cambio climático, una pandemia biofísica tan difusa como el coronavirus, son ya claramente visibles; Andalucía es una de las regiones europeas con mayores riesgos climáticos. Los retos de avanzar en derechos sociales, feministas, ecológicos y territoriales conciernen de manera particular al pueblo andaluz en el actual contexto mundial de recomposición de los equilibrios de poder y en el contexto del estado español donde se prefiguran dos salidas enfrentadas. La recentralizadora defendida por la derecha ultra y la ultra derecha, que actualmente copan el gobierno andaluz, o la democrática federal que existe electoralmente con fuerza determinante desde 2014, y en la que participan tanto fuerzas políticas de carácter estatal como PSOE y UP, como fuerzas políticas gallegas, valencianas, catalanas, madrileñas, del País Vasco, de las Islas Canarias, de Baleares, de Navarra, de Aragón, de Cantabria y de la llamada España vaciada como Teruel Existe.

Para enfrentar la crisis de régimen española y la crisis global provocada por el neoliberalismo, los espacios sociopolíticos radicalmente democráticos tienen, utilizando un símil ecológico, cuatro molinos disponibles. 1) El molino que recoge los vientos de las reivindicaciones por la justicia social y la igualdad; 2) el que recoge los vientos de las luchas democráticas emancipatorias del feminismo; 3) el de la defensa ambiental y la lucha contra el cambio climático y, 4) desde nuestro punto de vista el molino que tiene más potencial para desactivar la clave de bóveda que sostiene a la España reaccionaria: la federalización territorial, para que las poblaciones, comarcas, provincias, regiones o naciones no se vean abocadas a sufrir decisiones tomadas lejos de los intereses de la población que las habita.

La cuestión de la reorganización de los poderes territoriales del estado seguirá siendo una cuestión central en el debate político español. Cuestión de la que Andalucía está apartada y plegada en la actualidad a los intereses centralistas. No hay duda, sin el concurso activo de Andalucía, como ya ocurrió en la configuración constitucional dada en 1978, la salida democrática federal y plurinacional a la crisis de régimen será imposible. Mientras la voz andaluza esté capitalizada por el enfrentamiento con otros pueblos y no contra el centralismo que usurpa nuestro poder, no se alcanzarán condiciones para avanzar hacia una España plurinacional federal. Solo si Andalucía deja de ser colonia de Madrid las y los andaluces aspiraremos a un futuro mejor, y la democracia española tendrá garantizado un futuro de avances sociales, ecológicos, de género y federales.

Es preciso trabajar para destapar la manta que pretende ocultar la fuerza progresista del pueblo andaluz, no habrá movilización en defensa de los intereses de Andalucía si no se reactiva la conciencia de pueblo político. Al igual que ha hecho el feminismo, hay que hacer mucho trabajo en la sociedad civil andaluza para que no olvide su pasado, conozca las razones de su presente, y pueda afrontar el futuro colectivamente sintiéndonos plenamente libres. En este momento histórico creemos que lo importante es la aportación de ideas, datos y análisis, y que éstas cuenten con la máxima difusión posible.

Por ello, queremos reimpulsar nuestra actividad como Andalucía y Democracia, tras una dura etapa pandémica, instigando al pueblo andaluz, a todas sus organizaciones sociales y empresariales para que apuesten por un avance democrático aquí y en el conjunto del estado diciendo con claridad que Sí con Andalucía.

Para cooperar en el objetivo de situar los problemas e intereses de Andalucía en el centro de los debates andaluces y los debates de estado, dejando clarísima la ausencia de ánimo partidista y electoralista, nos proponemos las siguientes líneas de trabajo:

- Ayudar a la existencia de un medio de comunicación andaluz con difusión amplia que articule informativamente todo el territorio, evite el efecto capitalidad en una Andalucía diversa, contribuya a la difusión de información veraz y a los debates sobre los intereses transversales o particulares de amplios sectores de la sociedad, la intelectualidad, la cultura y el empresariado de raíz y producción andaluza. Un medio que haga auténtico periodismo andaluz, independiente y abierto al mundo, que sea un verdadero y fuerte contrapeso a la actual manipulación informativa de los medios públicos (TVE y Canal Sur) y privados.

- Organizar espacios de debate para fomentar y hacer crecer ideas que mejoren las condiciones de vida de Andalucía y ayuden a nuestra economía productiva.

- Establecer relaciones con otras organizaciones, colectivos o asociaciones de otros territorios del estado para buscar sinergias federales, y con organizaciones europeas, latinoamericanas, mediterráneas y mundiales, en nuestra condición de frontera sur de Europa y frontera norte del África, que estén en la misma línea ideológica.

- Fomentar el fortalecimiento de redes de intelectualidad y pensamiento andaluz enlazadas con otras de fuera de Andalucía.

- Andalucía, por razones que extenderían demasiado este texto, no puede perder la batalla cultural como ocurrió a la fuerza en la etapa de cuatro decenios de franquismo. Conocemos las causas. Nos proponemos por ello, caminar decididamente para derrotar democráticamente a la cultura centralista, alimentada esencialmente, antes por el monopartidismo andaluz, ahora por el gobierno conservador apoyado en la derecha franquista. Sin difusión masiva de ideas democráticas y sin defensa masiva de los intereses territoriales, políticos y económicos de nuestra tierra eso será imposible, por esto, empezamos hoy donde lo dejamos ayer diciendo: Sí con Andalucía.

Firmado:

Andalucía y Democracia

Publicado en La Voz del Sur

lunes, 8 de marzo de 2021

Feminismo en Andalucía: las luchas difíciles desde la periferia

8 de marzo de 2021

Lo sabemos, pero no está de más recordárnoslo: la lucha feminista es la más difícil, porque su objetivo no es solo promover leyes que garanticen derechos, sino cambiar el modo en que nos relacionamos uns con otrs, poniendo patas arriba lo que dábamos por descontado y habilitando nuevas formas de ser y estar en el mundo. Eso no es algo que se consiga (únicamente) con el BOE: hace falta emprender un viaje a contrapelo en el que habremos de cuestionarlo casi todo, pues el patriarcado se atrinchera en cada aspecto de nuestras vidas que nos resulta “natural”.

Ese análisis a contrapelo suele descubrirnos la amplia variedad del micromachismo cotidiano, descubrimiento que es una puñeta bien pesada de sobrellevar: una vez que consigues ver esos “inocentes” comportamientos que perpetúan el statu quo, te das cuenta de que están por todas partes, pero a quien no los quiere ver le resulta muy sencillo ridiculizar tus denuncias, porque son “lo normal” y tú solo “exageras”.

Sí, es duro ser feminista… que haya quienes no vean lo que es evidente tiende a dejarnos exhausts y un poco aislads. Por suerte, a menudo nuestro afán se encuentra con el afán de otrs como nosotrs y la alegría de su compañía compensa el cansancio. El feminismo es sororidad, cuidados… imprescindibles porque, para seguir avanzando, tenemos que salir una y otra vez del refugio de esa compañía y pelear para que quienes no quieren ver, vean. La subalternidad siempre ha producido espacios de solidaridad y esta siempre ha sido nuestra especialidad.

Además de por nuestra enorme ambición (cambiar las leyes, los valores, las costumbres, las conciencias…, ¡casi na…!) y por las dificultades propias de este camino, la lucha feminista es difícil porque nuestra sospecha contra las concepciones heredadas es tan radical que alcanza incluso a la cuestión misma de quién sea el sujeto de esa lucha: ¿las hembras de la especie?, ¿las mujeres, como construcción social?, ¿las personas oprimidas por el patriarcado?, ¿la humanidad en su conjunto? Un debate en el que haya que empezar aclarando este tipo de cuestiones nunca va a ser fácil. Y si, encima, la estrategia nos plantea tener que elegir entre trabajar a partir de la cruda realidad o rechazarla para hacer posibles nuevos horizontes, casi podemos aventurar que quien más acierta es quien menos claro lo tenga.
Desafortunadamente, a las dificultades teóricas de nuestros debates se une a veces una posición moralista según la cual, si tú y yo no estamos de acuerdo, no es solo que alguna de ls dos se equivoque, es que o bien tú o bien yo no somos “verdaders” feministas, o no lo suficiente...

Pero el feminismo siempre ha sabido albergar diferencias, esa es su grandeza. Por eso hablamos también de "feminismos", en plural, como el espacio político donde cada cual encuentra el apoyo que necesita para hacer camino, citando a Assia Djebar, "a cotè de", junto a ls otrs.

Los debates feministas son a menudo muy complejos, tenemos derecho a dudar, discrepar, debatir... y a hacerlo con el apasionamiento que da saber que nuestra lucha es fundamental para que el mundo sea un poco mejor, un poco más habitable y disfrutable. A lo que no tenemos derecho, porque todavía queda mucha tarea por delante, es a olvidarnos de todo lo que nos une, de las muchas razones que nos hacen salir a la calle cada 25 de noviembre, cada 8 de marzo, de todas las urgencias de la lucha feminista que son consensos y que reclaman que, después de dudar, discrepar y debatir lo que haga falta, nos arremanguemos de nuevo y volvamos a dar la batalla, codo con codo.

En Andalucía, las urgencias son tantas y las resistencias, tan poderosas, que sin esa unión corremos el peligro de una regresión que ya se está orquestando desde la extrema derecha. El famoso “pin parental” es toda una declaración de intenciones contra las reivindicaciones feministas. En una tierra que el año pasado encabezaba el listado de asesinatos machistas, que es la 3ª comunidad con mayor brecha salarial y al alza, no podemos permitir que las discrepancias nos distraigan más de lo preciso.
Por fortuna, eso no va a pasar: ya hemos superado en el pasado otros debates difíciles y hemos demostrado que sabemos volver a encontrarnos y unir fuerzas siempre que es menester.

Firmado por Colectivo Andalucía y Democracia

Publicado en diversos medios el 08-03-2021

domingo, 28 de febrero de 2021

Andalucía 2021, horizonte federal

28 de febrero de 2021

El 28 de febrero de 1980 el pueblo andaluz, que se constituyó como tal en las calles el 4 de diciembre de 1977, ejerció el derecho a decidir en la etapa democrática abierta con la Constitución de 1978. Hace cuarenta y un años de aquel referéndum en el que logramos colectivamente que Andalucía fuese nacionalidad histórica, siguiendo el procedimiento de su artículo 151. Nuestra capacidad de autogobierno, nuestro patrimonio constitucional, es fruto de una épica política popular y pacífica que vinculó derechos y libertades con la idea de progreso colectivo.

Nadie como Carlos Cano condensó mejor el significado de la autonomía para el pueblo andaluz. La murga de los currelantes dejó en los aires de Andalucia los motivos por los que el viento ondea la verdiblanca: “María, coge la rienda la autonomía, Marcelo, que los paraos quieren currelo… El mecanismo tira p´alante de la manera más bonita y popular, s´acabe el paro y haiga trabajo, escuela gratis, medicina y hospital, pan y alegría nunca nos farten, que vuelvan pronto los emigrantes, haya cultura y prosperiá.”

La derecha que se opuso al referéndum pidió el no, para evitar que Andalucía aspirase a ser como la que más en el marco constitucional de lo que vino a llamarse estado autonómico, lo hizo con el lema “Andaluz, este no es tu referéndum”. Los herederos ideológicos de aquella derecha gobiernan hoy Andalucía, con el apoyo de la herencia de la dictadura genocida franquista que hizo de lo andaluz un esperpento servil. El pueblo que no defiende su libertad, su capacidad de gobierno, acaba esclavizado.

Vivimos otros tiempos. La crisis de 2008 se cebó en Andalucía con mayor virulencia que en el resto de comunidades autónomas destapando, por un lado, los defectos estructurales de nuestro sistema económico y, por otro, nuestra subalternidad política de decisiones tomadas por el poder central y las instituciones europeas en lo que llamaríamos etapa neoliberal de recentralización y concentración del poder.

De repente, con la crisis metabólica mundial del sistema capitalista, manifestada por el derrumbe financiero rescatado por el estado sobre las espaldas del mundo del trabajo y la reducción de la calidad de los servicios púbicos, Andalucía comprobó que una economía basada en el turismo de masas y la construcción, con sus consiguientes daños ambientales, territoriales y sociales, empleo precario, escasa industria, agricultura extensiva, extractiva y medioambientalmente insostenible, es altamente sensible a las crisis sistémicas.

Dos son a nuestro entender las causas históricamente próximas de la reducción de la autonomía andaluza a la dependencia política respecto de los gobiernos del estado y respecto de las políticas neoliberales europeas. Por un lado el proceso de recentralización intenso de las decisiones políticas sufrido a raíz de la crisis de 2008. Un proceso que impuso las reformas laborales lesivas para el mundo del trabajo, la práctica desaparición de la banca privada o pública anclada sobre intereses de los actores sociales y económicos de raíz andaluza, la legislación fruto de la reforma del artículo 135 de la CE pactada a espaldas del debate por las cúpulas del PSOE y del PP, que limitó la autonomía municipal y la soberanía autonómica tanto en políticas fiscales como en políticas económicas e inversoras. Por otro, la docilidad con la que tanto los gobiernos anteriores del PSOE, especialmente el último con el apoyo de Ciudadanos, aceptaron la desgracia diferencial de Andalucía en todos los indicadores sociales y económicos respecto de del resto de comunidades del estado y Europa. Bajo la expresión “lealtad institucional” se ha escondido en Andalucía el sometimiento del poder político andaluz a poderes centralistas residenciados en Madrid, poderes que ven Andalucía como un territorio colonial del que extraer plusvalías destruyendo territorio, medio ambiente, servicios públicos (privatizaciones) e inversiones sin retorno, ni fiscal ni inversor, hacia nuestro pueblo.

Es indudable que el poder en España está híperdimiensionado en Madrid, una provincia con verdadera independencia política por efecto de la capitalidad y la concentración de domicilios fiscales, dada la proximidad de sus cenáculos a la redacción del Boletín Oficial del Estado. Es indudable que España tiene varios problemas graves de carácter territorial, el centralismo aludido, la tensión de las ansias de soberanía del pueblo catalán, la España vaciada fruto de los agujeros negros extractivos de capital económico, natural y humano de la capital del estado y de las capitales autonómicas, la desigualdad territorial señalada por todos los indicadores de empleo, pobreza e industrialización que se ha visto ampliada por la crisis de 2008 y, este último año, por la crisis de la pandenia, y, por último pero no menos importante, una desigualdad fruto de una concepción radial del estado que concentra el peso de todos los poderes en el centro. Un centro, que sin ser el único, se ha convertido en el mayor foco de corrupción empresarial, institucional y mediática de España.

La crisis de la pandemia ha cogido al pueblo andaluz en una clara posición de debilidad política. Sabemos que aquel andalucismo transversal de finales de los años 70 y principios de los años 80, que logró situar la cultura andaluz, el acento andaluz, como palanca de progreso sigue ahí, se empieza a llamar tercera ola andalucista. No hay más que ver, oír y sentir la pujanza de nuestras manifestaciones creativas, cine, ciencia, arte, cante, copla, pensamiento, literatura, teatro, rap, rock, o flamenco gozan en Andalucía de la misma o más potencialidad expansiva que entonces. También sabemos que Andalucía no es su gobierno, ni necesariamente sus organizaciones políticas, mucho menos aquellas que intentan enterrar la bandera andaluza para enterrar su significado. La sociedad civil organizada en asociaciones, plataformas, fundaciones, grupos de interés, el sindicalismo y el empresariado andaluz, el feminismo y el ecologismo, las organizaciones agrarias, tienen, tomadas una a una, potencia y ganas de trabajar por Andalucía, de hacer que desde sus raíces en pueblos, ciudades y comarcas, crezcan iniciativas productivas que apalanquen la economía al territorio, que cuiden el medio ambiente, que sean igualitarias entre mujeres y hombres, y que den trabajo aquí para que nadie se tenga que ir.

Tarde o temprano el Estado español avanzará hacia un modelo federal que incrementará la soberanía de aquellos territorios que estén dispuestos a ser dueños de su futuro en el marco de acuerdos federales. El federalismo es la síntesis contingente histórica de soberanía y cooperación. El federalismo es la distribución del poder entre el pueblo y entre los pueblos. Andalucía no puede quedarse atrás en esta evolución política que necesariamente va a vivir España si es que de verdad se piensa que podemos vivir juntos y juntas en la diversidad democrática. El 28F de 1980 nos iban en el sí a la autonomía las libertades, el pan, el trabajo, la salud y la educación, la cultura popular y la vuelta de las y los emigrantes que quisiesen regresar.

En estos tiempos nos va lo mismo, ahora para ser soberanos y soberanas de nuestras potencialidades productivas fijadas al territorio. Sin federalismo hacia afuera y sin federalismo dentro, los motivos para la indignación y la lucha fragmentada se incrementarán. Esos motivos pueden convertirse en una pelea interna entre intereses andaluces, que nos hagan perder fuerza colectiva si no se articula un proyecto de país andaluz. Jaén, y Linares, están en lucha por el hastío y el abandono de los poderes políticos, Cádiz y Sevilla en riesgo de seguir perdiendo industria y multinacionales como ABENGOA, Almería necesita un plan para hacer compatible la agricultura con el medio ambiente ganando valor añadido, Granada no puede sufrir más expolios de órganos y poderes centralizando en Sevilla las decisiones y la gestión, Málaga necesita diversificación económica, Huelva reconversión industrial sin destrucción de empleo, Córdoba un fuerte mercado interno andaluz para su industria agroalimentaria y una apuesta por la producción ecológica. Y todas las provincias y comarcas andaluzas necesitan verse incardinadas con justicia y equidad en un proyecto de ámbito andaluz.

Está en manos de las y los andaluces, de la sociedad civil y de las organizaciones políticas, sindicales y empresariales, ayudar y cooperar para construir un proyecto federal para Andalucía capaz de defender nuestros intereses territoriales en el estado y en Europa. Los fondos de nueva generación europea han de servir a nuestra tierra para, sin alimentar crack sistémicos, hacer reformas estructurales de fondo en nuestro modelo productivo. La administraciones autonómicas y municipales han de potenciar los servicio públicos y el empleo de calidad en ellos; no hay pueblo político sin una buena administración de estado. Las inversiones públicas han de convertir los gastos de los servicios públicos en motores de la economía productiva fijada al territorio, bajo parámetros ecológicos, sociales y de igualdad de género. Si es preciso introduciendo participación pública en empresas privadas o directamente mediante empresas públicas.

Pensamos en líneas fuerza para preparar el futuro de Andalucía, que nada tiene que ver con insistir en el turismo y la construcción tal y como los conocemos. Pensamos en reindustrialización verde y tecnológica, pensamos en la producción de valor añadido con el conocimiento acumulado en nuestras universidades, pensamos en la vinculación entre de salud y ecología, con producción agroganadera e industria agroalimentaria, pensamos en la desconexión progresiva de los combustibles fósiles y la conexión al sol facilitando cluster tecnológicos de fabricación de componentes para la producción, distribución y comercialización endógena de energías renovables con capacidad de exportación de excedentes. Pensamos en la potenciación de la industria cultural andaluza en todas sus variantes y manifestaciones. Pensamos en inversiones para la rehabilitación patrimonial y energética de infraestructuras y núcleos urbanos. Pensamos en redes de ferrocarril que comuniquen nuestras ciudades y comarcas. Pensamos en la economía de los cuidados. Pensamos en que el valor añadido se reinserte en Andalucía con una fiscalidad adecuada y una primacía de las empresas radicadas en nuestro territorio.

El gobierno de la Junta de Andalucía y el parlamento andaluz, sede de nuestra soberanía popular, han de dejar de ser un gobierno gestor para pasar a ser un gobierno impulsor político interno y externo de estos cambios imprescindibles. Al igual que en la transición a la democracia la demanda de autonomía era imagen de libertades, derechos y progreso, la demanda federal ahora es símbolo de una Andalucía posible menos dependiente de avatares externos sobrevenidos. No caigamos en más trampas como la del “a por ellos”, por sí, por Andalucía, es preciso que las y los andaluces nos arremangarnos para construir un horizonte popular sobre la base de un republicanismo cívico y democrático, ese horizonte no puede ser más que un horizonte federal. 

Colectivo Andalucía y Democracia

Publicado el 28 de febrero de 2021 en diversos medios de comunicación

martes, 3 de noviembre de 2020

Andalucía no es Andalucía

Colectivo Andalucía y Democracia

En efecto, Andalucía ya no es Andalucía. O ha dejado de ejercer de Andalucía, que viene a ser lo mismo. Hace años que Andalucía dejó de existir como sujeto político y hoy de nuevo se nos presenta como el baluarte del Madrid cañí, de la capital refugio lujoso de corruptelas, cloacas y poderes fácticos. Andalucía también ha dejado de ser España para convertirse en la subalterna de Madrid, capital devenida en ciudad Estado que vuelve a tener a Andalucía como la criada analfabeta y chistosa de las películas de Alfredo Landa, Fernando Esteso o Juanjo Menéndez. Chacha de la caspa madrileña como en los tiempos de la dictadura franquista.

Debemos aclarar que Andalucía existe ¡y con qué fuerza! como realidad social y como identidad cultural. Pero durante casi cuarenta años, el PSOE se ha ocupado de ir frustrando todo aquel sueño de futuro, aquella ansia de transformación y de justicia, de reparación histórica, que albergaban los cientos de miles de manifestantes del 4 de diciembre de 1977 o los millones de votantes a favor del derecho a decidir de aquel referéndum ejemplar del 28 de febrero de 1980. Diluyeron las ilusiones, lenta e inexorablemente, en beneficio de la perpetuación en el poder y para mayor gloria ¡ay! de andaluces como Felipe González, Alfonso Guerra, José Rodríguez de la Borbolla, Manuel Chaves, José Antonio Griñán y Susana Díaz.

Como andaluces, clamamos contra esos dirigentes del PSOE principalmente por este expolio político del pueblo andaluz, por este desfalco alevoso del potencial de transformación social que atesorábamos en los inicios de la década de los años ochenta y nos impelía hacia un futuro mejor. Porque ese ha sido el capital más valioso del que hemos dispuesto en nuestra historia reciente. Saqueo más dañino para nuestro presente y para nuestro futuro que todos los casos de corrupción o que el clientelismo político que tanto se les reprocha, y con razón. Al desarmar la identidad política de los andaluces, nos han robado el proyecto, el ideal, el horizonte al que dirigirnos. No hay mayor estafa. Y como remate, en los últimos tiempos, Susana Díaz ha abierto la puerta de par en par a la de­recha y a la extrema derecha, alentando el españolismo carpetovetónico al grito de “a por ellos”. Por supuesto, “ellos” son los catalanes.

¿Y ahora qué tenemos? Ahora, tenemos a una Andalucía que ni está ni se la espera en el debate sobre el reparto de los fondos Covid-19 de la UE para la reconstrucción. Una Andalucía que ni está ni se la espera en la palestra que perfile el futuro modelo territorial que necesariamente debe hacerse. Que no importa si quiere monarquía o república. Lo mismo que nadie va a defender los intereses de Andalucía en el futuro corredor mediterráneo o en cualquier otro foro donde se vaya a dilucidar el porvenir de los trabajadores, agricultores, industriales, comerciantes, estudiantes, profesores, sanitarios…, en definitiva, de los ocho millones de andaluces y andaluzas que habitamos esta hermosa y maltratada tierra. Y eso es así, sencillamente, porque Andalucía ha dejado de existir como sujeto político.

Consecuencia de lo anterior es el claro alineamiento de Andalucía con las posiciones más retrógradas del Madrid reaccionario y españolista. Las derechas, con toda su capacidad demagógica y guerrera, han concentrado sus fuerzas en Madrid para disparar contra Catalunya y, ahora, contra el Gobierno de España, lo mismo que hace el independentismo unilateral catalán, parte del cual empieza a barruntar un propósito de enmienda, aislado del mundo e ignorante de los límites estructurales en su propio territorio. Ellos también confunden Madrid con España. Andalucía, por su bien, no puede ser parte madrileña ni parte catalana de esa guerra contra el actual Gobierno de España. Andalucía tiene sus intereses y, en consecuencia, debe tener su estrategia y sus propuestas propias.

Porque Madrid no es España, obviamente. Lo dice la reciente encuesta de 40dB: directa e indirectamente, España es progresista, federalista y republicana. Y el futuro federal y republicano lo está dibujando el triángulo País Valencià (PSOE-Compromìs-Unidas Podemos), Galicia (PP) y Euskadi (PNV-PSOE). Nótese, entre paréntesis, los diferentes gobiernos actuales de las tres comunidades, cuya suma poblacional no llega a los diez millones, el 21% de la población española. Ximo Puig lo está diciendo una vez y otra: hay que quitar poder a Madrid, hay que compensar el efecto capitalidad, hay que impedir el dumping fiscal, hay que descentralizar las instituciones del Estado, hay que cambiar el modelo radial por un modelo en red, hay que avanzar en justicia territorial. Federalismo.

Lo dice el presidente de la Comunidad Valenciana cuando debería decirlo Andalucía, la comunidad autónoma con más paro, precariedad, desigualdad, pobreza y con mayor dependencia del turismo y menor tejido industrial. Pero eso ocurrirá únicamente el día que Andalucía deje de ser subalterna de Madrid. Entonces volverá a li­derar la configuración del modelo de Estado en beneficio de las y los andaluces, tal y como lo hizo en la transición. Las condiciones materiales, geográficas, geo­políticas y formativas de sus gentes son inmejorables para romper con la dependencia del poder central y alumbrar un futuro con energías renovables, industrialización verde, agroecología, industria cultural y reforzamiento del papel de los servicios públicos y la economía de los cuidados.

Pero Andalucía se ha atado al cuello la soga del centralismo, de la monarquía (ya lo hizo con el PSOE de González, Guerra, etcétera) y del españolismo ultramontano que finalmente ha puesto alfombra de lujo a la irrupción de la extrema derecha. Porque ahora resulta que somos más monárquicos que nadie. O tan monárquicos como los madrileños. Lo recoge la citada encuesta de 40dB. Andalucía opina lo mismo que Madrid. El 31,5% del electorado andaluz votaría por la república, como lo haría el 32,2% del electorado madrileño. El 43,1% de Andalucía y el 46,3% de Madrid se decanta por la monarquía. Indecisos, blancos y abstenciones sumarían en Andalucía un 25,4% y en Madrid un 21,5%. En cambio, la ciudadanía electoral española en su conjunto es más republicana que monárquica, el 40,9% frente al 34,9%.

Una mirada minuciosa a esa encuesta permite deducir que el sentimiento republicano está vinculado al progreso, la izquierda y los derechos democráticos, en tanto el sentimiento monárquico está vinculado al conservadurismo, la desigualdad y los privilegios. El electorado de PP, Vox y Ciudadanos es mayoritariamente monárquico, en tanto el electorado de las izquierdas y las opciones soberanistas, nacionalistas, confederalistas o federalistas es mayoritariamente republicano. Es verdad que los andaluces y las andaluzas están menos preocupados por el destino de la monarquía que por el paro, la precariedad laboral, el destrozo de la sanidad pública y la pérdida de fuerza de la educación pública, con el consiguiente incremento de la desigualdad estructural. Pero la pregunta pertinente aquí es qué hace Andalucía alineada con la anacrónica institución cuando, y los encuestados lo dicen mayoritariamente, es una institución de derechas y no de derechos.

En definitiva, una España progresista pasa por una Andalucía progresista. Mientras los gobiernos catalán y madrileño pelean contra el Gobierno español de coalición, si Andalucía tuviese un ejecutivo que representase verdaderamente a sus ciudadanos se sumaría al triángulo formado por la Comunidad Valenciana, el País Vasco y Galicia. Ese cuadrángulo representaría casi la mitad de la población del Estado. La deserción del Gobierno de derechas que sufre Andalucía debe llevar a las izquierdas an­daluzas a trabajar con esa perspectiva territorial estratégica (progresista, federal y de calado republicano), buscando alianzas para reforzar las políticas eco­nómicas, sociales y territoriales más avanzadas del Gobierno español. Otra cosa será seguir instalados en la Andalucía inexistente de la que hablábamos al principio, imbuidos en el papel de chacha del Madrid más rancio enfrentado con Cata­lunya. Alineados con el centralismo carca que perpetúa nuestro atraso.

Firmado por Colectivo Andalucía y Democracia

Publicado en La Vanguardia el 03-11-2020